ATENTO AL ENEMIGO.
Por Robinson Salazar.
La nueva estrategia militar norteamericana hacia América Latina consiste en construir socialmente el enemigo bajo tres parámetros: Terrorismo, Populismo Radical y Narcotráfico, cuyos ejes cumplen la función de ligar toda actividad política popular o de insubordinación contra los Estados Unidos con actividades consideradas de alto riesgo para la democracia occidental. Bajo este pretexto se justifica la militarización en áreas donde los recursos naturales estratégicos como agua, petróleo, gas y biodiversidad abundan.
El mundo, a partir de 1980, entró en una nueva fase de confrontación bélica denominada la Nueva Guerra. Nueva en la medida que supedita el carácter político-militar a los intereses económicos, no confronta a un enemigo en particular, sino que busca apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo.
Se han dado cuenta que, a partir de la supremacía militar, los combates no se darían en confrontaciones cara cara o con acciones bélicas donde los contingentes militares se expusieran, ya que el desarrollo tecnológico había superado la etapa en donde los ejércitos se confrontaban y arrojaban muchas bajas.
Acción directa
La acción directa la definimos como un recurso que un segmento amplio de los excluidos ha re-creado para resolver sus carencias y re-situarse en la sociedad, lo que nos dice que no es un arma política emocional ni vandalismo disfrazado para entorpecer todo lo que hacen los demás miembros de la sociedad. La acción directa la hemos observado en cada comportamiento que los sujetos sin derechos llevan a cabo para expresarse. Se registra la acción directa de manera cotidiana en los sectores marginales al momento en que las comunidades barriales, comunales y marginadas han instrumentalizado un ejercicio de resolución de conflicto para resolver una diferencia, pacífica o de otra modalidad, con un vecino, amigo o miembro de la comunidad a la cual pertenece.
El recurso de la acción directa no es profundamente pensado, tampoco lleva mucho tiempo en la elaboración y ejecución, sino que tiene una naturaleza espontánea y casi siempre la lleva a cabo quien se encuentra en desventaja, se siente oprimido o no ve solución que venga del ámbito externo. Ahora bien, la acción directa puede ser pasiva o violenta, esto está en función del tipo de circunstancia que la engendra.
La carencia de organización estructurada como las tradicionales no hace visible la trayectoria de la acción directa, puesto que su movimiento está montado sobre un entramado de redes, transita por espacios latentes, acumula experiencia a diario, pero el reservorio donde las deposita no son expuestos públicamente, dado que la densidad de sus redes asociativas parten de la vida cotidiana y ello las hace invisibles por momentos; sin embargo, son explosivas cuando se revelan (de dos maneras: revela y rebela). Siendo así la acción directa, los estrategas del imperio la han tipificado como terrorismo, en la medida que estos actos de violencia defensiva confrontan la imposición del neoliberalismo depredador y la apropiación de los recursos naturales estratégicos. Pero todo no queda ahí, el antiterrorismo norteamericano también liga y envuelve la lucha contra la acción directa bajo el disfraz y el rostro de la lucha contra el crimen organizado.
En la lucha del imperio contra el crimen organizado, lo que está en juego son los 500 mil millones de dólares que Estados Unidos lava anualmente a través del consumo y no sabe cómo se le escapan; los casi 40 mil millones que se le fugan de la mano y pasan al crimen organizado de México y lo inaudito, a pesar de su alta tecnología, por la fronteras pasan más de 350 toneladas de cocaína anualmente, de las cuales el 90% se procesan en Colombia.
Ideología del miedo
El frente ideológico busca sembrar el miedo como una estrategia que construye escenarios de riesgo insertados en la subjetividad de los colectivos humanos. El uso del terrorismo como un enemigo impredecible, invisible y súbito lo posiciona en el subconsciente colectivo como algo que desconocemos, que jamás lo vamos a controlar y que está siempre presente en nuestras vidas. Así se presenta el estado militar, con el juego de que el terrorismo ha encarcelado a la sociedad, limitándola a atrincherarse en su individualismo, a temer de los semejantes, a ver al otro como potencial agresor, a vivir alejados de toda posibilidad de hacer vida comunitaria.
Ahora bien, no sólo por razones políticas y económicas el Estado busca, para legitimar el uso de la fuerza e invadir la privacidad, encontrar culpables, también lo hace por un recurso defensivo orientado a reducir la tensión que produce pensar algo lesivo de nuestra seguridad y nuestras vidas. La dicotomía Dios-la bondad versus el diablo-la maldad ha llevado a una militarización del espíritu. Una sociedad así inevitablemente generará conductas sintomáticas al polarizar también sus efectos y extremar sus posiciones. Y de ella se exigirá una mayor homogeneización para que nadie devenga en un sujeto peligroso. De ahí que la noción de rebelde quede abolida: todo innovador será no ya un provocador creativo, sino alguien bajo sospecha ...un terrorista.
La construcción del enemigo
La otra estrategia es la lucha contra el populismo radical, opción que se abre con fuerza en la arena política de América Latina, no como la alternativa que viabilice la emancipación pero sí como una posibilidad de cementar la fragmentación e insularidad que se asoma en la sociedad. El achatamiento del Estado, la nulidad de políticas públicas, la privatización de los servicios públicos de salud, vivienda y educación, la escasez de empleo y los riesgos de las pensiones por vejez, ha provocado que las conciencias y preferencias políticas de los ciudadanos y los desciudadanizados den la espalda a los políticos y a los partidos políticos, restándole utilidad a la política y descalificando a la democracia procedimental. Ante este escenario, los políticos se han encaramado en el carro del populismo, cuyo contenido es difuso, heterogéneo y multidireccional.
¿Qué aspectos de riesgo tiene el populismo radical en Latinoamérica y hasta donde los estrategas del imperio lo ven como riesgoso?
Ante la desolación que va arrojando la aplicación ortodoxa de las políticas neoliberales y la cada vez mayor cantidad de hombres y mujeres que se quedan sin posibilidad de llevar una vida digna, el grueso de la población vive por debajo de los índices requeridos por un ser humano. Sin embargo, no todos los políticos están conformes con los resultados obtenidos hasta ahora; la abstención progresiva, el descrédito de los partidos políticos, el poco significado que evoca la palabra democracia y la práctica política al margen de los canales institucionalizados, está generando un leve despertar en algunos partidos llamados de izquierda o que están interesados en insertarse en la área política y ser parte de la realidad social.
Construir lo político no es riesgoso, antes por el contrario, nutre la realidad y abre el cielo de la carga de nubosidad que lo ensombrece. Para poder dotar de ese cemento social que ligue a la gran constelación de actores sin derechos, pobres y desciudadanizados, se requiere crear un referente que se vea como oponente, como adversario o enemigo de la acción política popular, o sea, se abre la oportunidad de crear y construir socialmente al enemigo y este referente contrario puede no ser el Estado-Gobierno, porque las experiencias recientes de Ecuador, Argentina y Bolivia han demostrado que el verdadero poder no reside en el Estado, sino en las grandes empresas transnacionales y los centros financieros internacionales.
Construir socialmente el enemigo no es una tarea de dirigentes, es una consecuencia lógica que se puede desatar cuando los vastos sectores populares y despojados se den cuenta que el enemigo verdadero no es el gobierno, sino todo aquel que lo despoja, le quita su trabajo, los persigue y criminaliza por ser inmigrante, le niega la tierra, le cierra las puertas de los hospitales y las escuelas a sus hijos, quien le arrebata su casa, los que le prohíben acceder a los recursos que la naturaleza nos ofrece como el agua, la biodiversidad, etc.
También se nutre en la construcción de sujetos colectivos contingentes como lo que aconteció en Francia por la derogación de la controvertida ley laboral conocida como Contrato del Primer Empleo (CPE), la cual ocasionó violentas protestas en todo el país. En los Estados Unidos se mostró de nuevo el sujeto colectivo contingente en las masivas y explosivas manifestaciones en contra la ley HR 4437 o Acta de Protección de las Fronteras, Antiterrorismo y Control de la Inmigración Ilegal (Border Protection, Antiterrorism, and Illegal Immigration Control Act of 2005, Congresista republicano James Sensenbrenner Jr.).
Visto así, el populismo radical es un peligro para los estrategas del imperio porque puede resolver el grave problema de la fragmentación y el autismo social que prevalece en sectores sociales de las sociedades latinoamericanas; asimismo, la construcción social de enemigo está redireccionando la lucha hacia las grandes empresas transnacionales y centros financieros del mundo; la lucha contra esos núcleos de poder puede ser amplia y diversa, desde la acción directa, como respuesta equiparable al despojo, hasta los bloqueos, boicot, corte de ruta por donde transitan contenedores, ferrocarriles, productos perecederos, toma de edificios, de muelles marítimos, aduanas, aeropuertos, cadenas televisivas, empresas de cadena comercial, parálisis de la producción, de las exportaciones y de centros de recepción y bodegas, cese de compra de productos pertenecientes a una empresa en particular o procedentes de un país agresor, huelgas con sentido de pertenencia y focalización de la lucha hacia objetivos económicos estratégicos, son los nuevos nichos politizar y reivindicar para lastimar enormemente los ingresos y poner en riesgo al sistema capitalista financiero y sus magnates.
Existe otra ventana analítica sobre los riesgos del populismo radical, cuyo argumento lo han construido intelectuales especialistas de la economía, quienes plantean que el neoliberalismo tiene dos manifestaciones, una radical de libre mercado ortodoxa, desprendida del estado, manejada por los organismos financieros y grupos de poder ligados al capital financiero, cuyo comportamiento es una apuesta a la especulación y un desinterés por el capitalismo productivo o de transformación, caso en América Latina de México y Chile; la otra cara del neoliberalismo es más estatista, le da un lugar preponderante al estado para impulsar empresas, erogar subsidios, ligar los apoyos bajo una política de estado de medio plazo que posibilite un incremento en el PIB, en las exportaciones y generación de empleo, restándole importancia vital al capital financiero.
Tanto el capitalismo estatal asiático como el populismo que amanece en Latinoamérica, son contrapesos del capital financiero, porque limitan sus ganancias, desacreditan su labor y empíricamente son evidenciados, porque el capitalismo de estado genera crecimiento, aun con la dosis de autoritarismo que le agrega el estado; en cambio el capital financiero ahuyenta el empleo, desplaza a los trabajadores de sus puestos de trabajo, volatiliza a la economía y vive en permanente riesgo, por ello, la mayoría de las crisis en los países con crecimiento económico amparado en el capitalismo de estado se han sometido a severas crisis provocadas por el capital financiero, como una muestra de la tensión y contradicción del capitalismo en su fase neoliberal imperial.
Los tres ejes de orientación hacia donde el nuevo militarismo norteamericano se dirige, transitan por tres avenidas ideológicas que se esgrimen como obstáculos para el ejercicio de la libertad y el libre mercado, cuyo fin se esconde en una estrategia militar que justifica la intervención y la presencia de tropas en aquellos países que denotan una debilidad institucional, un déficit de gobernanza, dirigidos por caudillos militares y violentan los derechos humanos.
La teoría de reconstruir el orden mundial del Siglo XXI bajo el argumento de que existen en América Latina países débiles o fracasados, cuya validez empírica es frágil, dado que bajo esa categoría están los países que muestran mayor convulsión política por el cuestionamiento que hacen a las políticas neoliberales y los niveles de organicidad que han logrado los sectores populares, los estrategas norteamericanos le anteponen otro lente observacional y justifican la imperiosa necesidad de intervenir en ellos por el riesgo de la gobernabilidad y el refugio de terroristas en sus territorios.
Militarización de los recursos estratégicos
Lo que hay en el trasfondo de toda esta argumentación es que algunas fuerzas que se recrean en esas sociedades impiden su libre circulación para apropiarse de los recursos y las riquezas que están fuera de su territorio, eso nos da a entender por qué las tres estrellas: antiterrorismo, crimen organizado y populismo radical, son el blanco de la arremetida militar norteamericana en la región latinoamericana. La nueva guerra descansa sobre una base amplia que liga los recursos ideológicos expuestos, la tecnología, la comunicación digital/satelital y nuevas formas de combates que evitan la confrontación directa contra los pueblos y los insumisos, pero atenta contra ellos de manera fatal por varios métodos que van, desde la limpieza social hasta el ataque ideológico telecomunicacional.
La nueva organización está sustentada en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2002, cuya visión se erige sobre la doctrina de anticipación o guerra preventiva, que sitúa al imperio norteamericano en posición de gobernar a las poblaciones potencialmente hostiles de los países que sean amenazados por el terrorismo.
Se magnifica y se observa con mayor contundencia la nueva guerra en lugares o naciones donde el Estado abandonó su papel protagónico, se erosionó el control de la violencia legítima, las fuerzas militares entraron en el circuito de la colaboración internacional, las policías antinarcóticos entraron a remplazar a la inteligencia nacional, los grupos sociales excluidos comienzan a mostrar un grado de cohesión en las luchas, las alianzas intergrupales se fincan en territorios habitados por excluidos y la ingobernabilidad aparece como un gesto de inconformidad de los sujetos sin derechos o manifestación de lucha de clases.
Lo anterior se fundamenta en la teoría de los norteamericanos que afirma que su nación no será segura mientras no lo esté el aprovisionamiento mundial de energía, de ahí que la intención del manejo de la política internacional que coloca a la economía como centro de su quehacer diplomático, denominado como ejercicio "econocentrico", cuya finalidad es priorizar las relaciones y control en zonas en donde la riqueza estratégica le permite asegurar un funcionamiento como modelo capitalista y base de la industrialización. Y EE.UU. es el principal agente protagónico de esta nueva guerra en la medida que requiere el 30% de la energía consumida por la humanidad, disputándose este consumo con la tendencia industrializante del capitalismo que día tras día incrementa el consumo de energía.
Todo lo expuesto, agregado a la inexistencia de un enemigo focal como era la Unión Soviética, y la necesidad de compartir, hasta donde se pueda, los recursos vitales para el sistema de industrialización capitalista, imposibilitó a los Estados Nacionales a actuar o usar la fuerza, en el ámbito internacional o contra otro Estado de manera unilateral, pero las necesidades imperiales las vinculó a la órbita de las decisiones de los centros hegemónicos y usurpadores de recursos estratégicos.
Otro aspecto digno de destacar en la nueva guerra, es la forma de operar en el escenario de la confrontación, no interesa el territorio como punto de dominio, sino el recurso, que puede ser, mineral, hídrico y/o estratégico; humano o poblacional para desestructurar al enemigo. Esta nueva guerra requiere de alianzas, porque en el control de la energía están implicados varios estados que son parte del dominio imperial. Europa y Asia no cuentan con recursos estratégicos importantes; EE.UU. cuenta con ellos de manera limitada y Medio Oriente los posee, la zona del mar Caspio concentra una gran parte al igual que América Latina.
Alianza humanitaria que hoy día se esgrime en las confrontaciones bélicas, es el nuevo rostro de la intervención que se desató en los noventa, con el firme propósito de demostrar que las soberanías eran una falacia, que en los países que ellos, los norteamericanos, calificaran como peligrosos, perturbadores o violadores de los derechos humanos, dictatoriales o perversos, la comunidad internacional estaba en la obligación de intervenir para salvar a la humanidad.
Este diseño estratégico militar tiene como soporte dos argumentos, por un lado, no tiene los Estados Unidos el suficiente personal militar para estar presente u ocupando tantos territorios donde están sembrados los recursos estratégicos; por otro, evitar que el traslado masivo de sus fuerzas de ocupación sean criticadas por razones como el alto costo de la movilización, desproteger la nación ante contingencias como la del huracán Katrina, ser blanco de críticas por la oposición de su país y no mostrarse como el halcón que se apodera de todo en el mundo.
Lo que ocurre, como casos interesantes, es que cada escenario de las intervenciones se presenta en regiones o países con recursos estratégicos, posibilitando que se sigan presentando las intervenciones militares bajo el mando de lo humanitario, porque las cifras nos dicen que las reservas del petróleo, según el Departamento de Energía norteamericano, se estipula que para mediado del Siglo XXI no alcancen a cubrir la demanda mundial.
Lo mismo sucede con el agua, la reserva potable y dulce del líquido apta para consumo humano es de 3% del total existente, la mayor parte de ese 3% está en los glaciares y casquetes polares, por lo que el volumen accesible es de 12 mil kilómetros cúbicos, y la mitad la consume la humanidad. En los próximos años de pronostica un consumo de 100% y la escasez se asoma como nueva amenaza, amén de que este recurso por su naturaleza recorre muchos tramos de territorios que permite ser compartido por varias naciones, al ejercer el control para garantizar el abastecimiento, desanuda conflictos por el agua como ya se observa en varios lugares del mapa mundial.
En este rubro, las presiones políticas y las maniobras militares son evidentes, las actividades de los organismos financieros internacionales -como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM)- tendientes a presionar a las autoridades locales de varios países latinoamericanos, condicionándoles la entrega de recursos y/o a recortar los subsidios, aumentar las tarifas y privatizar servicios.
Estas políticas están empezando a revertirse contra sus promotores del mundo industrializado; en Estados Unidos, los recientes recortes fiscales y la creciente demanda hacen poco probable que existan suficientes recursos públicos para mantener el servicio sin aumentar los cobros.
De acuerdo con la Red de Infraestructura Hidráulica (WIN, por sus siglas en inglés), se necesita una inversión anual de 23 mil millones de dólares extras para que ese país cumpla las normas ambientales y de salud pública, y para reemplazar la infraestructura obsoleta. Si no reciben suficientes fondos, los operadores municipales, distritales y regionales de los sistemas de abasto de agua podrían enfrentar decisiones difíciles, entre ellas la tentación de vender los sistemas a inversionistas privados.
El Banco Mundial sostiene que el agua debe ser considerada una mercancía, que los organismos operadores en los países subdesarrollados son deficientes y están muy endeudados, y que la participación privada, en general, ha aumentado la eficiencia, mejorado el servicio y ampliado la cobertura del servicio".
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Robinson Salazar
Investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa/México. Autor de varios libros: Lectura crítica del Plan Puebla Panamá, Democracias en riesgo en América Latina y Democracia emancipatoria
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